Foto: Jacobo León

Kyle Kuric ha tenido que recorrer un largo camino repleto de obstáculos de todo tipo. Porque la trayectoria del escolta estadounidense no se puede reducir estrictamente al ámbito deportivo, sino, también, al personal.

En mitad de su carrera, cuando militaba en las filas del Herbalife Gran Canaria, Kuric tuvo que superar algo mucho más serio e intimidatorio que cualquier rival o situación que un jugador puede encontrarse sobre la cancha: un tumor cerebral.

Noviembre de 2015. Kuric afrontaba junto al equipo amarillo un viaje a Vitoria para enfrentarse al Baskonia para, posteriormente, dirigirse directamente a Alemania y afrontar un duro duelo europeo contra el ALBA Berlín. Fue justo antes de embarcarse en el viaje cuando el jugador sintió que algo no iba bien.

«Salíamos temprano desde Gran Canaria. Me dolía la cabeza, pero lo atribuí a que me desperté tarde, las prisas y no desayunar. Dormí durante todo el vuelo pero aún no me sentía bien. No creía que fuera algo serio.»

«En Vitoria me sentí un poco mejor durante el entrenamiento, pero el dolor de cabeza seguía. Tomé varios medicamentos pero no mejoré. En el calentamiento del partido sentí que tenía un nudo en mi cabeza. Me dolía demasiado. Tenía que parar y sentarme. El dolor empeoró y cada vez que me levantaba estaba mareado.»

Pese a los síntomas, las primeras dos revisiones médicas quitaron importancia a las dolencias del jugador. Un error que bien pudo costarle la vida a Kyle.

«No pude jugar el partido y esa misma noche fui a un hospital de Bilbao. Me dijeron que todo estaba bien. Pedí una resonancia magnética porque mi padre era neurocirujano y mi madre enfermera. Me dijeron que me la hiciera pero el hospital no lo creyó necesario. Solo me mandaron un medicamento.»

El escolta continúa el relato, recogido en una entrevista para Euroleague. «A la mañana siguiente viajamos a Barcelona, donde pasamos una noche antes de tomar el vuelo para Berlín para el partido de Eurocup. No pude entrenar. Me quedé en el vestuario con las luces apagadas y una fuerte migraña. Fui a otro hospital, solicité una resonancia magnético pero de nuevo me dijeron que no, que volviera a Gran Canaria y descansara.»

Pero el estado de salud de Kuric empeoró. «A la mañana siguiente, todavía en Barcelona, me sentía muy mal, me mareaba muchísimo y vomité varias veces. Así que volví al hospital y finalmente me hicieron la resonancia. En los resultados, el diagnóstico fue instantáneo: tumor cerebral.»

Apenas 48 horas después, Kyle Kuric era operado y la primera crisis superada. Pero todavía vendría lo peor, aunque el jugador no sería consciente de ello hasta más tarde.

«En ese momento no entendía por completo lo que estaba pasando. Pensé incluso que estaría bien para jugar la siguiente semana. Después de la cirugía, mi primer recuerdo es que mi esposa estaba allí, hablándome. Pero luego tuve algunos problemas de hinchazón en el cerebro, así que tuvieron que hacer una segunda cirugía para eliminarla. Realmente esta operación, mucho más delicada, fue más grave que la primera.»

Afortunadamente, Kuric sobrevivió a ambas operaciones y afrontó un largo proceso de recuperación antes de volver a las pistas de baloncesto, cinco meses después de la cirugía doble.

Tras concluir su estancia en las Islas Canarias y terminar de explotar en el Zenit, la gran oportunidad le llegó este verano cuando firmó por el Barça Lassa, su actual equipo. Regresaba al lugar en el que le fue detectada la dolencia.

«Barcelona me salvó la vida. Así que desde que me llegó la oportunidad de venir aquí, todo encajó. El Barça es mi equipo favorito, históricamente. Barcelona será siempre especial para mí por el trato que recibí y porque me salvó la vida», sentenció Kuric.

Una segunda oportunidad, tanto a nivel deportiva como de vida, que el escolta se toma con una filosofía sobradamente optimista.

«Esa experiencia me cambió por completo. Es algo que le sucede a mucha gente en la vez. A mí me sucedió mucho más joven y aprendí de ello. Casi pierdo la vida. A menudo hay cosas que a la gente le gustaría alcanzar, pero no lo logran. Ahora, no me niego nada. Sea lo que sea, si tengo la oportunidad, lo hago. No importa si es caro o un poco peligroso. Simplemente quiero vivir sin ningún arrepentimiento. Después de lo que pasé, la vida significa mucho más. Y cada paso es un nuevo desafío.»