Por Álex Porqueras

Agosto de 2017. Por mi parte, hace un tiempo hice un artículo que superó la primera semana el millar de lecturas con el título: ¿Sabes que siente un niño en el terreno de juego? son niños, no seas hooligan. Hoy, en cambio, quiero ver el vaso medio lleno: el esfuerzo, dedicación y cariño que ponen muchos padres para que sus hijos hagan deporte.

Recuerdo con inmenso cariño los días que mis padres me acompañaban a la competición deportiva los fines de semana. En algunos momentos llegué a creer que eran ellos los primeros interesados, luego -de mayor- me di cuenta del esfuerzo que hacían semana tras semana, madrugón tras madrugón para que yo pudiera hacer deporte y pasar un rato con mis amigos, como si ellos no tuvieran ganas de hacer otra cosa el sábado por la mañana…

Gracias padres, por vuestros ánimos cuando perdía un partido, o bien por compartir y aumentar mi alegría en las victorias. No sabes las veces que os miraba cuando terminaba de hacer una jugada y veía la cara que poníais… El deporte era una actividad más, nunca quisisteis que fuera un deportista profesional, menos mal, porque no lo era y no lo hubiera sido, simplemente queríais que lo pasara bien y me mantuviera en forma.

Desde el primer momento el entrenador fue para mí ejemplo, nunca le gritaste ni le llevaste la contraria, por lo menos delante mío. Sabía que podía fiarme plenamente de todo lo que me decía. Siempre decíais que él es el entrenador, él manda y es el que sabe.

Pobre de mí si al terminar un entreno os comentaba alguna travesura, sabía que, al llegar a casa, después de escucharme, le ibais a apoyar totalmente. Me pasaba igual con el profesor, siempre fuisteis a una. No entiendo ahora los padres que siempre dudan del profesor o del entrenador. ¿No será mejor que busquen otro equipo o bien otro colegio? Si familia y colegio/club no van a una, mal vamos!

Un par de veces me quedé sin entrenar, recuerdo el motivo: me olvide alguna de las prendas de entreno o bien la misma bolsa de deporte. Como agradezco, ahora, que me ayudarais a ser ordenado procurando que me hiciera yo la bolsa y fuera responsable con mis cosas. Aprendí a valorar el deporte de equipo cuando creo que nunca me castigasteis sin ir a los partidos o al entreno. Allí valoré la importancia de mi deporte y del deporte de mis compañeros.

Un gran ejemplo para mí, que me sirvió querer más al club como mío, fue cuando vi que llevabas a otros niños a los partidos, cuando preparabas los botellines de agua, ayudabas a organizar actividades de final de temporada, etc. No era sólo mi partido, mi equipo, era nuestro club.

Para terminar, gracias por todas las veces que has hecho deporte conmigo, no sabes lo bien que lo pase esos momentos. Qué alegría ver ahora, a tantos padres, disfrutar del deporte con sus hijos.

Álex Porqueras – @aporqueras

Comentarios

Maxithlon