Pablo Hernández, alero de 201 centímetros nacido en la localidad de Ames, es uno de esos chicos y chicas, cada vez más habituales, que han cruzado el charco con el fin de perseguir el sueño americano.

Formado en las categorías inferiores del Baloncesto Fedesa, Pablo afronta su último año en la Universidad de Missouri Baptist, donde compagina sus estudios en Physical Education and Education K-12 con el equipo de baloncesto, con el que disputa la NAIA, una liga universitaria similar a la NCAA.

Recientemente, el jugador ha alcanzado la cifra de los 1.000 puntos anotados y los Spartans se han convertido en uno de los equipos candidatos al campeonato después de un espectacular inicio de temporada (20-0).

Previamente, Pablo ha recibido una Honorable Mention All-American y ha ganado, en dos ocasiones, el trofeo Emil S. Liston Award de su conferencia, un galardón que apremia a un jugador o jugadora que ha destacado en las facetas académicas, deportivas y actitudinales.

Galicia Deportiva: Una primera pregunta para abrir boca, ¿cómo fueron tus comienzos en el baloncesto?

Pablo Hernández: Pues empecé a jugar al baloncesto a los 8 años porque mi madre me apuntó. Hasta el momento solo había jugado al fútbol, pero mis amigos hacían baloncesto también y mi madre me apunto con ellos.

Empecé jugando en las escuelas deportivas de Ames, y pronto empecé a destacar porque era mucho mas alto que mis compañeros. A los 10 años tomé contacto con el club Rosalía de Castro. Debido a que en esos momentos aún no tenían equipo de mini seguí jugando con el Ames pero iba algún día a entrenar con los infantiles del Rosalía. A los 12 años dejé el fútbol y me centré en el baloncesto ya en las filas del Rosalía de Castro; club en el que me seguí formando hasta mi último año junior.

G.D.: Ahora, acabas de superar la barrera de los 1.000 puntos y tu equipo comanda con autoridad en tu conferencia con un balance de 20-0. ¿Cuál es el secreto del buen rendimiento del equipo este curso? ¿Cómo te sientes a nivel personal?

P.H.: No hay ningún secreto, los resultados son gracias al trabajo duro, humildad y el estar todos juntos y centrados en un objetivo común. Todos tenemos muy buena relación y eso crea un ambiente positivo. Estamos jugando en equipo, sin egocentrismos o egoísmos, siempre buscando la mejor opción. Y estamos sabiendo gestionar bien el éxito que estamos teniendo sin dejar que se no suba a la cabeza. Estamos respetando a nuestros oponentes todos por igual, sin confiarnos ante nadie y dando el 100% en todos los entrenamientos y partidos.

A nivel personal estoy muy contento con los resultados que estamos teniendo, pero a la misma vez no quiero que eso me haga bajar la guardia o relajarme porque aún queda mucha temporada por delante y mucho trabajo por hacer.

Foto: MBU

G.D.: ¿Qué objetivo os habéis marcado para esta temporada? Tras este pleno de victorias, ¿apuntáis directamente a luchar por el título?

P.H.: Desde el comienzo de temporada nuestros objetivos han sido pelear por ser campeones de conferencia e ir al torneo nacional. De momento vamos bien encaminados, pero como he dicho antes no podemos relajarnos porque aún queda mucha temporada por delante y mucho trabajo que hacer.

G.D.: Te formaste en el Baloncesto Fedesa, en Santiago de Compostela, antes de embarcarte en tu odisea universitaria. ¿Qué recuerdos tienes de tu estancia en el equipo? ¿Sigues, hoy en día, la actualidad del club y tienes contacto con algunos de los encargados del club o excompañeros?

P.H.: Tengo muy buenos recuerdos de todos mis años en el Rosalía. Diferentes campeonatos de España con el club y la selección gallega, varios torneos, varios títulos de liga gallega, y sobretodo muchas y buenas amistades. Yo siempre digo que el Rosalía es una gran familia. Para mi siempre lo ha sido y siempre lo será. En el club he hecho amistades que se que perduraran para siempre con tanto compañeros como entrenadores. Muchos de mis actuales mejores amigos los conocí en el club. Si que sigo la actualidad del club, sobretodo del equipo EBA, y si que mantengo contacto con muchos de mis excompañeros y entrenadores. De hecho, cuando estoy en Santiago en el verano Ángel Castro y Txichón Seoane me echan una mano y me entrenan siempre que tienen un hueco. Me gusta mucho ir por allí, porque para mi es mi casa y mi gente.

G.D.: Un nuevo país, un nuevo modelo educativo y deportivo… ¿Te costó mucho dar ese paso definitivo para irte a la NAIA? ¿Cómo te sentías en el momento de partir?

P.H.: La verdad es que la decisión no fue difícil. Para mi el venir a USA a jugar al baloncesto era mi sueño y mi ilusión. Y a medida que me fui acercando a mi segundo año junior y vi que ese sueño se podía alcanzar y convertir en una realidad se convirtió en mi objetivo. Siempre lo tuve en mente y tenía claro que eso era lo que quería.

El momento de partir si que fue complicado. No me gustan las despedidas, y sobre todo esa primera vez me costó decirles adiós a mis padres y a mi hermano en el aeropuerto. Por un lado me iba muy ilusionado por la experiencia que iba a vivir, pero por otro lado el pensar en estar tan lejos de mi familia y amigos me costó al principio.

G.D.: ¿Hubo alguna otra alternativa en mente o el principal objetivo siempre fue irte?

P.H.: La verdad es que mi principal objetivo siempre fue venir a USA. USA es un país que siempre me llamó la atención y por el que siempre tuve admiración. Desde pequeño tuve la ilusión y el sueño de venir a jugar aquí. Me gusta mucho como viven los deportes aquí y como valoran a sus deportistas, incluso al nivel universitario. La comunidad se involucra mucho en los eventos deportivos y atrae un montón de gente.

G.D.: ¿Cuáles fueron las grandes diferencias y dificultades con las que te encontraste a llegar a Estados Unidos? ¿Un baloncesto muy distinto al que habías conocido hasta entonces?

P.H.: Una de las principales diferencias fue por supuesto el idioma. A pesar de que mi nivel de inglés era bastante bueno cuando llegue aquí, el inglés que hablan aquí es distinto al ingles que nos enseñan en España. Utilizan muchas jergas y tardé un tiempo en entenderlas y hacerme al acento.

A nivel deportivo es un baloncesto más físico y más rápido. Una de las principales dificultades que tuve que afrontar cuando llegué fue el nivel físico del juego. Al llegar aquí me pusieron a jugar de 4, cuando en España siempre había jugando de 3 e incluso de 2. Y por supuesto los 4 eran mucho mas grandes y fuertes que yo. Había una diferencia de peso de unos 25 kg aproximadamente entre ellos y yo. Al llegar aquí yo pesaba unos 75 kg, y al final de esa misma temporada mi primer año pesaba alrededor de 88 kg. Tuve que pasar muchas horas y mucho trabajo en el gimnasio hasta que empecé a ganar algo de fuerza y músculo.

G.D.: Viendo la gran apuesta universitaria por el baloncesto en Estados Unidos (NCAA, NAIA,…), ¿crees hay mucho que aprender de ellos en Europa? ¿Ves posible introducir este modelo aquí?

P.H.: Creo que el sistema universitario que tienen montado aquí es muy efectivo. Es un sistema que esta diseñado para poder compaginar estudios y deporte perfectamente. Permite a los jóvenes estudiar su carrera a la vez que jugar al baloncesto u otro deporte a un alto nivel. También hay muchos jóvenes que utilizan el deporte para conseguir una beca universitaria y así poder costearse su educación universitaria, ya que la universidad aquí es muy cara.

Creo que es un sistema que actualmente sería muy difícil de implantar en España y Europa por diferentes razones. Una de las principales razones es económica. Seria muy difícil sustentar un programa de becas deportivas, y demás gastos, para tantos deportistas. Y esto tiene relación con la siguiente razón. La siguiente razón es que, desgraciadamente, el hacer un deporte en España no está tan valorado como aquí. Aquí el deporte universitario tiene un gran apoyo de la comunidad ya que la gente esta muy volcada en él, y eso mueve dinero. Dudo que en España los eventos deportivos universitario o equipos universitarios tuvieran mucho apoyo e involucración de la comunidad, por lo que sería muy complicado sostener toda esa infraestructura a nivel económico.

G.D.: ¿Cómo es tu día a día? ¿Es muy difícil compaginar los estudios, con los entrenamientos y los partidos?

P.H.: Mi día a día es muy ocupado. Este es mi último cuatrimestre y estos haciendo las prácticas de profesor de educación física (mi carrera) en un colegio. Estoy dando clases de lunes a viernes de 7:30 de la mañana a 3 de la tarde. Después de salir del colegio tengo pesas y entrenamiento, y normalmente sesión de vídeo u hora de estudio con el equipo. A mayores de eso tengo dos clases “online”, así que cuando llego a mi habitación después de un largo día en el colegio y de entreno tengo que hacer deberes. Ahora durante la temporada tenemos dos o tres partidos semanales, normalmente jugamos martes, jueves, sábado, lo que requiere un esfuerzo extra a nivel físico y mental.

Como he dicho antes es un día a día ocupado, pero si te organizas bien no es difícil compaginar estudios y deporte. Lo bueno que tiene este sistema educativo es que, si debido a un evento deportivo como un partido fuera de casa tienes que perder clase, o en el peor de los casos perder un examen, los profesores cuentan esa falta como justificada y te facilitan el cambiar la fecha de ese examen para que lo puedas hacer.

Foto: MBU

G.D.: De tener problemas de adaptación al estilo de juego y un nuevo entorno a tu llegada, a perderte parte de la segunda temporada por una operación, a ser titular con los Spartans y recibir una Honorable Mention All-American el pasado curso, ¿en qué ha cambiado, tanto a nivel deportivo como personal, Pablo Hernández, desde que llegó a Missouri?

P.H.: Yo diría que he aprendido mucho de esta experiencia y me ha ayudado a madurar tanto a nivel personal como deportivo. A nivel deportivo obviamente he dado un cambio físico, pero creo que también me he aprendido a leer mejor el juego y ser un jugador mas inteligente y con mas experiencia.

A nivel personal, esta experiencia me ha ayudado a crecer como persona y a convertirme en un hombre. Es una experiencia que me ha enseñado independencia, responsabilidad y organización, entre otras muchas cosas. Y que me ha preparado para el “mundo real”. Mirando atrás veo la diferencia entre el Pablo de hoy en día y el niño que llegó a Missouri cuatro años atrás.

G.D.: Estás en tu último año universitario, ¿cuáles son tus objetivos a corto plazo? ¿Regresar a España?

P.H.: Ahora mismo estoy centrado a nivel académico en acabar este cuatrimestre y  graduarme a finales de Abril. Y a nivel deportivo estoy centrado en seguir trabajando y mejorando para poder cumplir los objetivos que tenemos marcados para esta temporada de ganar la conferencia e ir al torneo nacional.

Una vez terminado este año, no me importaría quedarme y empezar un futuro aquí ya que hay muchas oportunidades laborales y estoy muy feliz. Pero la verdad es que quiero intentar dedicarme al baloncesto profesional por unos años por lo que mi objetivo es volver a España o Europa para jugar.

G.D.: Y la última, Pablo, ¿qué le dirías a todos esos chicos y chicas que, como tú en su momento, se plantearon dar el salto al baloncesto universitario norteamericano? ¡Muchas gracias por tu tiempo!

P.H.: Les animaría a venir y a vivir la experiencia. Es un experiencia muy enriquecedora tanto a nivel académico como personal y deportivo, y a la que pueden sacarle mucho partido. Uno de los principales beneficios es que les permitirá dominar el inglés perfectamente. Y además, es una experiencia que puede abrirles muchas puertas, incluso un futuro aquí. Son unos de los mejores años de nuestras vidas, y vivirán experiencias, aprenderán muchas cosas y harán muchas amistades que perduraran de por vida.