[alert type=»info»]

FICHA TÉCNICA

Real Betis Balompié: Adán; Durmisi, Pezzella, Bruno (Rafa Navarro 45′), José Carlos, Cejudo; Donk (Felipe gutiérrez 69′), Petros, Ceballos; Sanabria (Joaquín 61′) y Rubén Castro.

RC Celta de Vigo: Rubén; Cabral, Fontás, Roncaglia, Jony; Radoja (Orellana 51′), Marcelo Díaz (Pione Sisto 76′), Pablo Hernández; Wass, Bongonda (Rossi 83′), Aspas.

Goles: 0-1, 14′: Aspas, 1-1, 40′: Rubén Castro, 2-1, 52′: Sanabria, 2-2, 60′: Aspas, 3-2, 72′: Pezzella, 3-3, 84′: Roncaglia.

Árbitro: Sánchez Martínez. Amonestó a Donk (10′, Amarilla), Petros (24′, Amarilla), Sanabria (58′, Amarilla), Felipe Gutiérrez (76′, Amarilla), Cabral (88′, Amarilla), Pezzella (88′, Amarilla), Petros (91′, Roja).

[/alert]

 

 

Betis y Celta firman un bonito partido para el espectador neutral, con una mitad para cada uno y mucha disputa. La cortina de agua que cubrió el Villamarín durante los 90 minutos fue el ingrediente añadido en un partido que tuvo de todo.

Viendo la primera parte del Celta, ningún aficionado al fútbol, no ya vigués, podía creerse que su equipo se fuera al túnel de vestuarios con un empate en el marcador. El conjunto visitante durante 40 minutos apabulló a su rival, con un Iago Aspas multiplicándose por cien, y una banda, la izquierda de Bongonda, que era un puñal. El mediocampo de Marcelo Díaz, Pablo Hernández y Radoja parecía un metrónomo, marcando perfectamente los tiempos de cada jugada, ahora rápido, ahora fuerte, ahora suave, ahora tranquilo. Aunque el Celta no había tirado a puerta, era inevitable que tarde o temprano llegara el gol, que materializó Iago Aspas poniendo en evidencia a una defensa que estuvo ciertamente blanda en esa jugada. Pero un inocente penalti de Fontás, cuando la primera parte bordeaba su fin, fue suficiente para resucitar a un Betis que no entendía bien cómo afrontar el vendaval que había llegado desde Galicia.

Pero es que viendo la segunda parte del Betis, tampoco encontrarán muchos aficionados al fútbol que puedan creer que al final no se llevó el partido el conjunto heliopolitano. Salió en tromba, avasallando a su rival, presionando arriba, mordiendo cada balón y creando mucho peligro. El Celta quedó igual de pasmado que había quedado el Betis en la primera parte. Sin saber qué hacer, sin ideas, su centro del campo se empequeñeció ante el empuje del gigantón Donk y la clase de Ceballos, que combinada con el mordiente arriba de Rubén Castro era peligro puro. El delantero canario, con su gol de penalti en la primera parte, se había convertido en el máximo goleador en primera de la historia del Betis superando al legendario Alfonso, y estaba dispuesto a celebrarlo dando un recital de pases, controles y jugadas.

En el segundo gol del Betis Rubén fue el asistente de lujo, con un pase entre líneas que Sanabria convirtió en gol tras un buen recorte a portero y defensa. Sumido en su recuperada alegría andaba el Betis cuando llegó el primer jarro de agua fría, y no precisamente desde el cielo. Fue otra vez esa maldita banda de Bongonda la que trajo de nuevo el peligro que materializó en gol, otra vez también, Iago Aspas, que ya lleva 9 en liga. El Betis y su público fueron conscientes de que no todo es alegría en el fútbol, que teniendo delante a un equipo de flechas y escurridizos delanteros el trabajo se te puede caer en cuestión de segundos. Así que bajaron un poco el pistón, se reorganizaron y volvieron al ataque.

Y llegó el 3-2, a balón parado, con un perfecto cabezazo de Pezzella a la red. Pero si a balón parado iba a ser la historia, el Celta también sabe algo sobre el tema, y respondió con la misma arma Roncaglia cabeceando a la red otra pelota parada.

Firmaron ya la paz ambos equipos, exhaustos por el esfuerzo y la tromba de agua que les caía encima, y, aunque con tensiones lógicas entre los jugadores más calientes de ambos conjuntos, verdiblancos y celestes sacaron bandera blanca y terminaron así con una maravillosa mañana futbolística para el espectador.

Aunque el aficionado bético se vaya con la sensación de haber perdido dos puntos, debería ser consciente de que este empate no tiene el mismo significado que otros durante esta temporada, porque han visto a un equipo que ha luchado, que ha hecho buen fútbol, que ha creado ocasiones y que ha podido ganar. El resultado a veces acompaña y otras veces no, pero cuando hay que preocuparse realmente es cuando lo que no acompaña es el juego, y no fue así esta vez.

El aficionado vigués puede irse contento porque sabe que la pólvora arriba y el atrevimiento de su entrenador en los cambios se traduce en puntos se juegue bien o se juegue mal, y porque la primera parte de su equipo ha sido fabulosa. De hecho, puede irse un poco decepcionado si piensa en esa magistral lección de fútbol que dio durante 40 minutos y que fue echada por tierra por un error de bulto de Fontás. De ahí que béticos y celtarras deben quedar tranquilos y contentos con sus respectivos equipos hoy, porque lo dieron todo y porque, jugando así, van a llegar alto.

 

Álvaro Gutiérrez Boada/Los Otros 18